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Jaime Gómez Obregón, software

El hombre y la máquina (1992)
Nombre:
Jaime Gómez Obregón.
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Profesión:
Soy ingeniero técnico de telecomunicación, en la especialidad de sistemas electrónicos.
Área de desarrollo de tu trabajo ¿En qué área has enfocado tu profesión?
Siempre me gusto programar. A finales de los ochenta, con la fiebre de los microordenadores de ocho bit, llegó a casa un Sinclair Spectrum con un intérprete de Basic. Destripé el manual y unos años después, ya en el instituto, tenía un nivel bastante decente en Pascal, C y sobre todo del ensamblador del 80286. No había Internet ni apenas libros, pero tampoco prisas; era diferente, apasionante.
Terminé la carrera sin muchos problemas y me matriculé en el ciclo superior. Pero en casa las cosas estaban difíciles y al tiempo me di de alta como autónomo para ir haciendo algún trabajo puntual aquí y allá. En 2004 constituí @ITEISA en sociedad civil con el gran @JuanjoGuti. Ambos nos conocíamos desde 1º de EGB, es decir, desde los 6 o 7 años porque como éramos absolutamente incapaces de jugar en los recreos a nada que implicara un balón, pues hablábamos en el patio del colegio de shareware en disquetes de 5″¼ y de la demoscene. Nos divorciamos amistosamente a los tres años y volví a ser autónomo.
En 2009 refundé la empresa como sociedad limitada unipersonal. Ahora somos cuatro personas en la oficina: @RubenRice, @TwitLocke, Christopher en prácticas y yo, con el el apoyo casi diario de @JuanjoGuti desde Göteborg (Suecia), e incorporaremos una nueva persona en las próximas semanas. Tenemos un local chulo cerca de El Sardinero y la suerte de trabajar en proyectos interesantes para buenos clientes.
¿A qué se dedica Iteisa? ¿Qué funciones desarrollas tú en ella?
Hacemos aplicaciones y prestamos servicios en Internet. Antes hacíamos mucho desarrollo, pero en el último año y pico hemos crecido bastante en contratos de servicios. El año pasado compramos la cartera de clientes de una empresa competidora y en la actualidad gestionamos unos diez servidores dedicados y algo más de 800 nombres de dominio para unos 400 clientes.
Mis funciones en la empresa son las propias del director gerente de una micropyme tecnológica.
¿Realizáis sólo desarrollo para clientes o hacéis también desarrollos propios comercializables?
Considero el desarrollo para clientes como un medio para lograr un fin, que es poder autofinanciar (bootstrapping) el desarrollo de aplicaciones propias comercializables como servicio bajo un modelo de ingresos por suscripción. Es probablemente la senda más dura, el modelo de startup más complicado.
Admiro el ejemplo de Linking Paths, que con un talentoso equipo de sólo cuatro personas repartido entre Bilbao, Madrid y Reykjavik (sí, Reykjavik) han autofinanciado el desarrollo y el lanzamiento de su producto Stage, con el cual ya han facturado en torno a tres millones de dólares a 8.000 clientes, la mayor parte de ellos en el extranjero.
Pienso que el concepto clásico de desarrollo de software como un proceso industrial mata la pasión, la creatividad… Veo este interfaz de usuario y me cuesta pensar que haya sido diseñado con amor. Sin embargo, el desarrollo de ideas propias no sólo es estimulante; también genera valor en la empresa y, cuando se hace con cabeza, proporciona una estructura de ingresos generalmente más estable.
Tenemos una cierta experiencia en ello y en esa línea nos intentamos orientar durante los próximos años.
Tecnología en Cantabria. ¿Cómo ves el panorama de las empresas tecnológicas en Cantabria?
Cantabria es un lugar tranquilo, cómodo, pero no tiene una gran capacidad de consumo de servicios tecnológicos. El sector TIC cántabro sólo tiene sentido como exportador, y de hecho aproximadamente la mitad de la facturación de las empresas de ASCENTIC se hace fuera de Cantabria. Nosotros, que probablemente somos una de las empresas más pequeñas de la asociación, facturamos en 2010 el 35% de las ventas fuera de la región.
Se oye muchas veces que la Universidad de Cantabria es una excelente cantera de profesionales para las empresas tecnológicas debido a las características de sus enseñanzas técnicas. Si por profesionales se entiende al enésimo engranaje de un proceso industrial, entonces estoy de acuerdo: hay un ejército de titulados que han —hemos— aprobado exámenes de Lisp. Sospecho, no obstante, que ninguno de ellos construiremos un producto que facture tres millones de dólares en dos años aplicando los conocimientos adquiridos en la universidad.
(Quizás tenga algo que ver el hecho de que la mayor parte de los profesores sean funcionarios desmotivados con una carrera endógena al ámbito universitario, y sin experiencia en el mundo de la empresa)
Tus otras habilidades profesionales. Fuera de tu empresa, ¿desarrollas algún otro tipo de proyectos de corte más personal?
Me gustan mucho los idiomas y estoy sediento de aventura, así que me tengo por un emigrante frustrado atrapado en una jaula de oro. No obstante vivo bien en Santander y no me puedo quejar.
Me considero terriblemente afortunado de poder orientar las cosas que me interesan hacia mi trabajo. Ahora programo menos, pero cuando me he sentido interesado en rastrear e indexar fuentes de datos heterogéneas, o en intentar estructurar datos desestructurados, he podido dedicarme a ello y encontrar al mismo tiempo una excusa para hacerlo desde dentro de la empresa.
También me parece interesante todo lo relacionado con sistematizar y optimizar procesos, y nuevamente tengo suerte de poder encontrar los ingredientes sin salir de mi trabajo. Intento que la distancia entre lo que me apetece hacer y lo que tengo debo hacer sea cero, aunque muchas veces no lo consigo.
¿El trabajo del que más orgulloso estas?
Probablemente no haya sido un trabajo propiamente dicho, sino una práctica de tercero de carrera, allá por el 2004. La asignatura se llamaba «Laboratorio de Sistemas Electrónicos Digitales» y nos enseñaban a construir sistemas hardware/software. Para ello utilizábamos componentes electrónicos y un microprocesador que programábamos en ensamblador.
Las prácticas se hacían por parejas y eran de tres niveles de dificultad diferentes, a escoger. Elegimos un problema del nivel más difícil que consistía en utilizar un diodo emisor de luz infrarroja y un fototransistor para identificar transiciones de color en un papel impreso. El enunciado de la práctica indicaba que aquello podía entenderse como los cimientos de, por ejemplo, un lector de códigos de barras. Había 6 semanas para construirlo.

El "lápiz lector" era un taco de madera con un diodo emisor de luz y un fototransistor enfrentados en 90º. Dos bandas paralelas de cinta aislante regulaban la entrada de luz.
Al terminar la práctica nos sobraban semanas, así que comenzamos a mejorar el prototipo. Lo recuerdo como algo muy emocionante. Perforamos un taco de madera y colocamos dentro un fotosensor y un diodo emisor de luz enfrentados en ángulo recto. Esta cabeza lectora se deslizaba con buen pulso sobre líneas en un papel y con el temporizador del microprocesador estimábamos por software la anchura de las franjas.
La diferencia de grosores entre una franja ancha y una estrecha en un código de barras es de apenas cien micras, así que escribimos un ingenioso algoritmo para detectar y corregir errores utilizando sumas de verificación (checksum) y el dígito de control del código. Una vez finalizado, todos los componentes del prototipo habían costado tres o cuatro euros.
Terminamos la práctica con aquel artefacto y durante el examen y para asombro de todos (y el nuestro, el primero) el profesor consiguió leer correctamente un código de barras comercial real. Nos calificó con una matrícula de honor en la asignatura y unos años después me encontré con él y me dijo que aún se acordaba de aquella práctica
Fue muy divertido, y uno de los escasísimos momentos de la vida universitaria en los que se podía aplicar algo de creatividad…
¿Has trabajado alguna vez con otros profesionales con los que has contactado mediante las redes sociales? Sabemos que eres un poco crítico con toda la ola “Social Media”, ¿por qué?
He trabajado con personas que he conocido fundamentalmente a través de Twitter o LinkedIn. Las redes sociales son interesantes para conocer el punto de vista humano de los profesionales y de las pequeñas empresas que estamos en Internet, pero no hay —y esto es mi opinión— un negocio en sí mismo en las redes sociales, entendiendo por negocio una actividad escalable y perdurable en el tiempo que pueda materializarse en creación estable y significativa de empleo o, por ejemplo, en un edificio en el PCTCAN.
Autoempleo no es lo mismo que empresa, al igual que ser emprendedor no puede considerarse un objetivo final en sí mismo sino en una fase, un estado. En el caso de las redes sociales veo que esto se confunde a menudo, porque se obvia el especial contexto y la gran visibilidad de estas empresas, donde generalmente existe un venture capital que busca su plusvalía no a través de los dividendos de la empresa, sino del exit, de colocar su inversión a un tercero. Esto puede funcionar en San Francisco y a veces en Madrid, pero no en Santander.
Esta confusión, unida a la proliferación de autodenominados gurús que se dejan fotografíar en postura “Pensador de Rodin“, es por lo que soy crítico con el vaporware en general y las redes sociales en particular.


Enhorabuena, geniales respuestas
¡me ha encantado!
Y ya que has sacado el tema del PCTCAN
Genial la entrevista,…jaja salvo lo último …uno se fotografía como quiera
Me alegro, Almudena
Espero que al menos haya sido divertido.
@Dondado: Intenté establecer la oficina en el PCTCAN a principios de 2009, pero por aquel entonces aún no era posible, y las cifras que se barajaban eran -creo recordar- del orden de 15 €/m² con un mínimo de 200 m². Bastante más grande y caro de lo que necesita una empresa que arranca, en mi humilde opinión.
Tengo entendido que luego esta situación ha cambiado y que ahora hay un edificio “incubadora” con despachos y que Sodercán facilita a las empresas nuevas instalarse ahí.
Eso es fabuloso, no tanto por el “glamour” de tener una oficina en el PCTCAN, que tampoco es para tanto, sino porque es impagable poder tomarse todas las mañanas “el café” (es un decir) con emprendedores y empresas parecidos y/o complementarios.
En cualquier caso, yo no me mudaría al PCTCAN ni loco, pues estoy *muy* contento con nuestra ofi: tardo desde casa exactamente 4 minutos en coche en llegar, aparco en la puerta, y tenemos mucho espacio (100 m²), comedor, sofás, luz natural, grandes ventanales, un parque en frente, el mar cerca… Es una cuestión de preferencias personales.
Respecto a las subvenciones… yo pienso un poco como Jesús Encinar o François Derbaix (http://goo.gl/f25rB), aunque sin radicalismos y salvo que por “ayudas y subvenciones” se entienda apoyo en el sentido amplio y no necesariamente económico.
En mi caso personal (e intransferible) la mejor “subvención” que he recibido es que Sodercán me “puso” (como a todos) un consultor externo durante que me visitaba durante el primer año. De aquel hombre aprendí un montón de cosas, a relativizar los problemas o a pensar a largo plazo.
@Bruno: cierto
aunque no me refería a nada concreto; sólo a una actitud, como la de los chicos del video de Mashable.com.